Felpudos

19-07-2010 | 12:17 | 96 Comentaris

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Aquí tenéis el artículo que me publicó El Periódico de Cataluña el pasado domingo, día 18. Es el último ahsta después del verano, ya que la sección de va de vacaciones.

“700 euros”. Con parsimonia indescriptible, el tipo dijo que eso cobraba mensualmente por cambiar  y limpiar cada día 22 el felpudo de la entrada en la empresa (mediana) de un conocido mío. Éste le preguntó que desde cuándo, y aquél con orgullo le respondió que desde hacía 25 años. Si eso era así allí donde el ojo del amo engorda el caballo, ¿se imaginan la cantidad de felpudos que llevan ustedes pagando desde hace treinta años en el sector público y adláteres, dentro y fuera del Palau de la Música, en las estribaciones de cada ayuntamiento, en el coste final de la vivienda de libre mercado e incluso en la de protección oficial, en los cursillos que no sacan nuestra mano de obra de la indigencia formativa ni del paro? Pues nada mejor para distraernos de la indagación sobre los felpudos que todo el trajín que nos llevamos con lo del “Quo vadis Catalunya?”. Los bandos enfrentados en tal labor, ya sea para decir que España no nos entiende, ya sea para decir que la Cataluña normal es la que jalea a “la roja”, entretienen así y fidelizan a los suyos, pues saben que aunque la mayoría no les vote, el juego les permitirá seguir cobrando puntualmente su nómina felpudera como para algunos hace ya treinta años.

Pero de eso no hablan ni quienes se llenan la boca con la regeneración… no sea que alguien se entere de que todos ellos, sin chistar, han cogido las subvenciones presupuestarias a los partidos con representación…gran igualdad de oportunidades de todas las opciones políticas, una igualdad que sólo llegará cuando ninguna de ellas las reciba. Las cogen quienes hablan de la igualdad de todos los españoles, y luego critican que ciertas asociaciones las reciban. Y las cogen también éstas con la excusas de que son menos fuertes que todo el poder establecido sin recordar que al recibirlas ya forman parte del poder, que aquí sólo carecen de poder quienes de verdad las pagan.

A tanto felpudo suelto y bien retribuido lo que más le interesa es la cortina de humo, incluido el esperpento generado por el PP de recurrir en Cataluña lo que ya es irrecurrible en otros territorios, de modo que puede acabar el “café para todos” siendo “para todos menos para Cataluña”. Pero también eso es cortina, porque lo de aplicar la ley en sus términos ya no convence a nadie, y hablar de involución autonómica además de falso, es pura formalidad mitinera: en la práctica, los de siempre a seguir pagando, mientras Saura dice que atendiendo al informe de los expertos (los mismos que hicieron el Estatut, ¿qué van a decir si se lo enmiendan?)) no piensa cambiar ninguna ley por que la sentencia esa del TC lo diga. Pero ojo, yo a pagar las multas religiosamente aunque sea por ir a las 12 de la noche en una autopista de seis carriles, vacía, a 90 kms por hora. La ley sólo está vigente para el ciudadano corriente.

¿Y ahora qué? Ahora, tras comprobar con la cabeza que no había puerta en la pared contra la que corríamos, con un chichón bien majo, aire de doliente indignación y desconcierto sumo, estamos en suspensión agónica colgados de la brocha. Yo miraría debajo del felpudo…

Guerra de castas

05-07-2010 | 9:19 | 74 Comentaris

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Aquí os dejo mi reflexión sobre las reacciones a la sentencia del TC sobre el Estatut de Catalunya. Me la publicó El Periódico de Cataluña el domigo, 4 de julio, día de la independencia americana y onomástica de mi hija Isabel.

¿Pedirá perdón el profesor Viver por haber convencido a los políticos de que era posible reformar una Constitución desde un Estatuto? ¿Y Maragall por proponer lo que supo (y me consta) que era imposible? ¿Y Zapatero por prometer algo para lo que carecía de poder y luego negociar con Mas un plato de lentejas? ¿Y Rajoy por aceptar la indignidad de las caravanas de firmas, por tragarse Estatutos que decían lo mismo que el catalán y poner ahora cara de alegre apuesta por la concordia en extraña sintonía con la ministra de Defensa? ¿Y los “chicos de Esquerra” por negar el Estatuto por mediocre e irse luego a Madrid a pactar una ley de financiación autonómica que lo “violó” antes que el Tribunal Constitucional? ¿Pedirán perdón todos los comparsas jurídicos, mediáticos y fácticos, con sus editoriales conjuntos, plantes y mohines, por el tiempo malbaratado, el cansancio acumulado en las espaldas de tantos, el dinero público (el suyo, lector) lanzado al estercolero en informes, estudios, comisiones, jornadas sobre algo que no fue?

Por lo pronto y para evitar que alguien crea que me salvo de la quema, yo les pido perdón por la parte que me haya tocado en este extraño circo que ha calado en los corazones de la gente apuñalando su fe en la política, en esa que no es, como dicen algunos, el arte de lo posible (eso no es un arte, es sólo una artimaña) sino el arte del buen gobierno, de la búsqueda del bien común. Les pido perdón, pero les aseguro que para llegar a ese estadio de conciencia sobre lo que no debe volvernos a pasarnos, es necesario apurar hasta las heces el alcance del presente.

Esto que hemos vivido (o sólo contemplado) desde el año 2004 en torno al Estatut no es más que una guerra de castas, la casta política central contra la periférica: en los “madriles” la mayoría parece contenta por el hecho de que diez hayan dictado sentencia tras cuatro años de deliberación; en Cataluña, en cambio, la mayoría está quejosa de un texto que, aquí como allí, casi nadie ha leído. Eso no obsta para que allí llamen fascista a quien critica la “ignominia” de que diez magistrados enmienden la plana a una ley refrendada, pero los de aquí no recuerdan que una objeción así tocaba cuando se plantearon los recursos. Tal vez estuvieron cuatro años esperando el milagro que salvase sus posaderas, o quizás simplemente van construyendo las excusas a salto de mata. Si no, vean a Tura (y Zapatero) pretendiendo burlar al TC con un cambio en la ley orgánica del poder judicial. Nada ha cambiado en la casta.

Fuera de la casta también hay responsables: irse a la playa el día del referéndum ha tenido su coste, aunque entiendo que más de doscientos artículos de lenguaje imposible eran disuasorios. Ahí está, pues, nuestro Estatuto. No puede mejorar en su escaso nivel técnico con el añadido de mil folios sentenciosos. Sólo queda averiguar si están ustedes dispuestos a dejar que esa casta política que los metió en un autobús, cuya ruta es el absurdo, siga conduciéndolo mientras nosotros pagamos la gasolina, el peaje, y los amortiguadores que nos vamos dejando en cada nuevo bache. Me parece que la siguiente parada es la mani del día 10…

Moviola política

20-06-2010 | 13:09 | 105 Comentaris

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Aquí os dejo el artículo que hoy, domingo, me ha publicado El Periódico de Catalunya sobre las elecciones del Barça. Espero vuestros comentarios

 

El domingo pasado hubo elecciones a la presidencia del Barça. Por si existiera un individuo singular que a pesar de la avalancha mediática desconociera el asunto, le ofrezco mi particular descripción  de cómo Rossell llega a ser Presidente del Club, pero no desde su expulsión, que yo,  lega en materia, sólo veo como una mezcla de venganza y tesón amasada justo desde el día siguiente, sino a partir del inicio de la campaña electoral.
Cuando vi el cartel de Rossell desplegado en toda la altura del Hotel Princesa Sofía, empecé a pensar que el fútbol es lo poco de política que queda en Cataluña. Daba igual si era ilegal; con multa o sin ella, el cartel ya estaba puesto, como cuando la Junta Electoral pone objeciones a algo irregular. ¿Qué más da? Estaba en el presupuesto.. La irreverente ocurrencia de Carretero sobre la importancia de ser Presidente del Barça o de la Generalitat no es original;  la televisión generó ese hallazgo de que un niño confundiera a Pujol con Núñez, y aún más antiguo es el uso anestésico del fútbol emulando el pan y circo romano (ahora con poco pan). Además el fútbol es tan democrático que el niño más humilde puede llegar a ser galáctico (o de la cantera) ¿Pasa lo mismo con la Presidencia?
No sé por qué, ni cómo llegó Laporta a ser Presidente de la institución, pero sí creo que el sistema se sintió violado en sus endemias por un individuo de porte algo zafio pero psicológicamente muy solar, que quizás su equipo no vio a tiempo que resultaba indomeñable. Por supuesto sin dinero es imposible llegar a formar parte de esa oligarquía, pero hay que reconocer que no formaba parte de “los de siempre”.  Y si llegó ¿no sería por el grado de depresión en que entonces se encontraba el club y a pesar de que la “opción-sistema” de Bassat incorporaba incluso famosos? ¿No les recuerda que en las próximas elecciones catalanas tal vez  haya que buscar bajo las piedras un votante que no se tape la nariz al hacerlo?
Vayamos al colectivo de socios, tan parecido a un cuerpo electoral: hubo quien, pudiendo votar no lo hizo, mientras otros ni tenían  ese derecho. ¿No recuerda eso a los abstencionistas que forman parte del censo, mientras empadronados sin derecho a voto fueron, en cambio, reales votantes sobre la Diagonal o han sido llamados a las consultas independentistas? Y no, no me digan que la diferencia es la cuota que paga el socio, porque, de pagos inhumanos, frívolos, ineficientes, la ciudadanía estamos empezando a hartarnos. Pagamos sobradamente la cuota.
¿Y la cobertura mediática de la cosa?  Delirante, sobre todo,  si se pretende desmentir a Carretero. El hecho era noticiable, pero ¿no sospechan del interés mayoritario (y concurrente) por la victoria de uno de ellos? Por ahora no parece dispuesta la clase política a asumir la sociovergencia como lo hace la economía, la “sociedad civil” o el fútbol. Quizás porque es la acción política el único lugar en que el teatro de la oposición se sigue representando, un sainete que impide a quienes pierden reconocerlo; no hay ahí papel para nadie con la elegancia de Ferrer (o de Guardiola) asumiendo la responsabilidad individual de las derrotas.

Copago

08-06-2010 | 18:25 | 130 Comentaris

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Es evidente que el tema del copago implica mucho más que una medida sobre cómo disuadir a las personas usuarias de la sanidad pública de utilizar irreflexivamente un carísimo servicio. El hecho de que el conseller Castells haya dicho que en este tema el acuerdo sobre su adopción debía generalizarse a toda España denota uno de los fallos del sistema: puede no ser igual en todas partes. Pasa en muchas otras cosas, pero el hecho de que aquí ya tengamos el céntimo sanitario y el colapso continuado de ciertos hospitales sea una evidencia irrefutable tendría mejor salida con esa medida de corresponsabilidad que alardeando (falsamente) de poder expulsar a todos los inmigrantes que eventualmente puedan acceder a él. Si eliminamos la universalidad del sistema sanitario sólo puede ser por renta, y ese mecanismo aún daría más oportunidades a quienes menos tienen, o aparentan tener, y ¿quienes suelen ser esos si no quienes vienen de fuera?

Al error autonómico de haber asumido la sanidad, una competencia trampa que el aparato central del Estado se quitó de encima un día con gran alegría, le ha salido este grano: que la gente pueda sentirse ofendida por que el copago se instale aquí y no allá, como en su día alguien puso en el grito en el cielo por la diferencia de trato en las intervenciones quirúrgicas y en la elección de centro hospitalario según uno estuviera en La Rioja o en Valencia.

Tal vez la única solución sea devolver este pastel envenenado a quien con sonrisa diabólica en su día nos los cedió. Al final y al cabo, en Cataluña se queda el 30 por ciento del presupuesto y anda coja, dicen los expertos, a partir de cada mes de junio, cuando se acaba el dinero. O sea, más o menos ahora empiezan las listas de espera.

Ese hombre y su circunstancia

29-05-2010 | 19:47 | 129 Comentaris

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Ese hombre, que tantas alabanzas recibe de propios y algunos extraños estos días, lleva la vida entera en política sin haber asumido jamás una responsabilidad poco más de un cuarto de hora. A ciencia cierta seríamos incapaces de decir a qué podría dedicarse mañana, si hoy el sistema tuviera la valentía de reinventarse y expulsar a cuantos, como él, han hecho de esto de representarnos una lucrativa y acomodada profesión. Pero el sistema está siendo con él tan benévolo como para que nos preguntemos por qué. Porqueexcepto al cabreado Rajoy, a todo el mundo le parece que esto de abstenerse con reproches fue un gesto heroico, lleno de sentido común, de personas con sentido de Estado.

Pero la innoble manifestación de hambre de poder del PP no hace “acción de Estado” la abstención de CiU en la votación del decreto de medidas urgentes para paliar el déficit de las cuentas públicas españolas que, con un empeño que en un empresario le conduciría a la cárcel, ha engrandecido el Presidente del Gobierno hasta que le dijeron “¡Basta!”.  Las actas parlamentarias reflejan, si no las razones de los parlamentarios, al menos sí las razones de los partidos para adoptar ésta o aquella decisión. Recuerdo a aquellos conniventes con el terror que, llegando a diputados, juraron el cargo “por imperativo legal”. Pues está claro que tocaba hacer en este caso: “Por imperativo patriótico, voto sí”. “Por imperativo europeo, voto sí” “Por imperativo de las generaciones futuras, voto sí” Y que cada cual se agarrase al que más cercano al corazón tuviera. Y que la votación fuera en alta voz para que nadie pudiera ampararse en la sombra, ya que todos acudieron al semicírculo de sus “varietés”.

Porque decir “no” era innoble, pero abstenerse es cobardía. La abstención, además de suponer no “mojarse” (como sí lo han hecho todas las oposiciones de países razonables en situaciones mucho menos crítica que la nuestra), significaba políticamente algo igual de falto de coraje, determinación y capacidad de liderar un cambio, y es no atreverse a apostar por uno mismo, a saberse claro y cierto en las ideas y en las acciones, es dejarse sobornar por el tacticismo de lo inmediato; era simplemente evitar que el goberno central cayera y hubiera que ser comparsa de PSOE o PP allá, antes de que las elecciones catalanas hayan decantado una balanza que, visto lo visto, me permito aventurar que es mucho más incierta de lo que las encuestas dicen o nos dicen que dicen. Casi tanto como las otras…

Ésa es la verdad y cuantos jalean el gesto lo saben.

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