¡BASTA YA!
12-01-2009 | 23:30 | 924 Comentaris EnviarLas erróneas interpretaciones que se han generado entorno a mis palabras sobre la Ministra Ãlvarez me inducen a puntualizar lo siguiente:
1.- Ni ahora ni nunca me he burlado del acento andaluz, al que yo me refiero como “andaluz†a secas. Entre otras muchas cosas, porque yo no me burlo de las personas nunca.
2.- Si alguien, por haber entendido que al hablar del acento de la Ministra me referÃa al acento andaluz, aún no siendo asÃ, quiero que sepa que LO LAMENTO PRODUNDAMENTE; pues ni ahora ni nunca está en mi ánimo ofender.
3.- El acento al que yo me referÃa en la Ministra es lo que tal vez en general se entienda como “tonoâ€, y el suyo es chulesco, insultante y barriobajero. Además, no sabe hablar. Son realidades objetivas. Y ella es la ministra, no yo. A ella se le caen los puentes, se le paralizan los trenes, se le colapsan los aeropuertos, se le insubordinan los profesionales de éste o aquel ramo. No a mÃ. Por tanto el PSOE en vez de aparentar escandalizarse harÃa bien en decirnos cuándo dimite la Ministra.
Acentos, cantos de sirena y cuentos chinos
11-01-2009 | 19:22 | 561 Comentaris EnviarLa Ministra de Fomento es un chiste de muy mal gusto, entre otras cosas porque la pagamos de nuestro bolsillo. No me representa ni como mujer (ya ven a lo que conduce lo de la cuota…) ni como andaluza (lo soy, al menos en un 50 por ciento de mi sangre, les duela o no a algunos renegados de lo que son), ni como española, porque siento vergüenza de que por ella desde fuera puedan creer que somos asà en España. Hay más como ella en el Gobierno, de hecho incluso en los que dicen las encuestas que aprueban en la valoración ciudadana no serÃamos capaces de encontrar una sola frase lúcida, un gesto que llegase algo más allá del golpe de imagen, una posibilidad de haber hablado a la opinión pública sin un miserable papel-chuleta delante. Hay más como la Ãlvarez, eso es cierto, y sea cual sea su origen territorial, son el ejemplo más claro de la decadencia que vive la polÃtica: una caterva de inútiles en cualquier ámbito de la vida que no sea la misma polÃtica, que jamás cotizaron a la Seguridad social, que si lo hicieron fue con paso breve y vergonzante resultado. Una generación polÃtica decadente y cobarde, pues excepto en el caso del Ministro Corcuera, jamás ninguno fue capaz de dimitir cuando no estuvo a la altura de sus responsabilidades.
Esos falsos indignados por mis palabras, la mayor parte blogueros enviados por su partido a distraer la atención y marear la perdiz, ellos y unos cuantos polÃticos sin cuota de pantalla prestos a ganarla a cualquier precio, no son andaluces de verdad. Esos politiquillos de tres al cuarto que se ofenden por mi burla del acento chulesco y atragantado de la Ministra, agigantado en su incomprensibilidad por el hecho de ser andaluza y, por tanto, rápida, me hacen pensar en lo que dirÃan si yo me ofendiese por el modo, parecido, pero en “polacoâ€, en que habla Joan Tardà . Y es lo mismo. Con un acento u otro, con mayor o menor rapidez en la emisión de los fonemas el problema es el fondo. El analfabetismo polÃtico. Y el mediático, porque es igual de triste ver a los medios de comunicación convertir en noticia esta tonterÃa, como la del traje y el maquillaje, la barriga fetal o el implante de pelo. La cuestión, con la connivencia de unos medios de comunicación que han perdido su sentido originario es seguir corriendo cortinas de humo sobre la realidad punzante, sobre los millones de parados, sobre el crecimiento exponencial de un sector público absolutamente insostenible en momentos como éste, sobre las nóminas de amigos que van mermando nuestra capacidad de consumo, con grave y acumulado quebranto de la economÃa productiva, todo ello bien trufado de mentiras como la del gasto social. MÃrense los bolsillos, el futuro, incluso la panza y pregúntense simplemente si están mejor que hace cinco años. Basta con eso y con las imágenes de Barajas para cambiar el ridÃculo titular de “Nebrera ofende a los andaluces†por el de de “Maleni ofende a los andaluces y su jefe, a todos los españoles que padecen su mal gobierno, su infinita imprevisión, su caradura excusatoria, su bien urdida red de propaganda presta a taparle las vergüenzas por seguir viviendo del momio.
Mi abuelo ayudó a construir Barcelona hace ya casi un siglo. Mi abuela, que era de Baeza, como él, aprendió a leer y a escribir sola, a pesar de la condena de analfabetismo que su padre habÃa cernido sobre ella por el hecho de ser mujer. Fue capaz de comprar su piso cuando los arrendadores echaron los inquilinos de casi todo el inmueble a la calle, allá por los años 50. HabÃa sido capaz, con un solo sueldo y cinco bocas que alimentar, de ahorrar las cuatrocientas mil pesetas que asombraron a todos. Esos andaluces, como tantos otros que conozco no se ofenden por mis palabras, se entristecen por tener que asumir que una paisana suya les deje en tan mal lugar. Como les dejan en mal lugar todos los que con ella hacen piña por un mal entendido patriotismo de baja mesa. ¿O es que son mejores los andaluces que los extremeños, éstos que los gallegos o los asturianos que los vascos? ¿O es que el nacionalismo es algo más visceral de lo que algunos quieren creer?
Dentro de cien años nadie se acordará de ella, ni de ministro alguno de este Gobierno de chiste, con aprendiz de brujo al frente, permanentemente convencido a la vez de estar en posesión de la verdad y de que la verdad es un fenómeno contingente que depende de lo que diga la mayorÃa. Nadie se acordará de ella, ni de mÃ, de casi nadie. Pero tal vez se recuerde que este fue el momento en que una generación de personas con voluntad de servicio, sin miedo al sistema podrido (tal vez porque nada tienen que perder) decidió dar un paso al frente y desafiar los “exotismosâ€: el color, el acento, el sexo, el origen, factores determinantes en el final de un tiempo. En el que viene ha de imponerse la rectitud de miras, el conocimiento, la sabidurÃa fraguada en la experiencia, el coraje de no callar y el amor por la verdad y por las personas. Y ahÃ, os lo aseguro, quienes hayamos sido capaces de fijarnos en el fondo de las cosas, nos encontraremos.



