ASAJA y “Pequeño Gran Hombreâ€

20-07-2009 | 10:27 | 55 Comentaris

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El viernes por la tarde me había comprometido a asistir a un acto por el X aniversario de ASAJA (Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores) en Amposta (Tarragona). Cuando comprendí que me iba a merendar una hiper-caravana, estuve a punto de dar la vuelta en la primera salida y argumentar cualquier excusa. Al fin y al cabo, entre el más de millar de personas convocadas, ¿quién lo iba a notar? 400 Kms ¿para qué?, me tentaba a mí misma… Pero inmediatamente pensé que bastaba con que lo notara Albert Castelló, ese pequeño gran hombre que había conseguido en sólo diez años poner en marcha una voz distinta en el mundo de la agricultura y la ganadería, y que machaconamente insistió hasta que le dije que iría. Además, la palabra es sagrada.

Y ¡hala!, dos horas y media después llegaba a la Lira Ampostina, a tiempo de escuchar lo más importante, las quejas de un sector que hace más por la ecología que muchos de los que se encadenan por un quítame allá esa garza, o se rasgan las vestiduras por el hacinamiento porcino. Sin ellos, sobre todo sin ellas, el bosque se nos comería, pero para ellos, sobre todo para ellas, los sucesivos gobiernos no actúan como para evitar que la globalización se los coma. Es tan sencillo como aplicar, decían ellos, el compromiso comunitario de primar el producto europeo, más que nada porque si las condiciones de trabajo y las exigencias de calidad son aquí más costosas que en otro lugar del mundo ¿cómo encontrar el héroe que compre lo de aquí más caro?

Dicho eso, Albert, y manifestada mi admiración por esa especie de aire napoleónico con el que te has impuesto a tus carencias y has hecho de la necesidad virtud, permíteme que haga constar también la crítica: casi nada del mundo en que vivimos será igual dentro de muy poco. Las ayudas al sector productivo que muere tendrán cada vez menos sentido, porque al final corren el riesgo de acabar como ese funesto PER que avergüenza a una parte del sur de España y que hace a la gente rea del que se lo otorga.

La libertad exige otra cosa, y repensar el campo habrá de estar entre esas cosas. Yo estoy convencida de que personas como tú, como tantos otros con los que tuve el honor de compartir la cena en el Pla dels Catalans (por cierto, lo de dar de cenar a 1.300 personas y que todo salga bien se merece una felicitación) estaréis entre los primeros en darle la vuelta al calcetín. Por lo pronto, que sepáis que, como a vosotros, me duele cada naranja que se deja en el árbol por el hecho de que recogerla y venderla salga mucho más caro. Mi abuela decía que tirar la comida es pecado. Pecado de impotencia, en este caso. Volviendo de madrugada a casa, pensé en dedicarles un pedacito de mi pedacito de ciberespacio, para invitarles a no perder la esperanza.

Felicitats, President

14-07-2009 | 11:15 | 66 Comentaris

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He de reconocer que incluso han superado mi intuición. Que serían hábiles, que antes de convocar las elecciones al Parlament de Catalunya  (previsiblemente antes del verano que viene) habrían realizado una serie de maniobras que permitirían la recuperación de la imagen de los socialistas en el cinturón industrial y de los supuestos independentistas entre su electorado antisistema, eso ya lo tenía claro. Pero esto supera cualquier jugada que yo les haya visto hasta la fecha.

Por supuesto nadie de la calle sabe qué se ha aprobado en este acuerdo de financiación, que ha sido tan parto de la burra como la reforma estatutaria, y tan fatigoso (y  decepcionante) para el individuo corriente como lo fue aquélla. Por supuesto, en la valoración posterior, los partidos que no han sido protagonistas del pacto pondrán en duda tal o cual aspecto, y cualesquiera de los que han contribuido a que se cierre habrán de decir que se ha cumplido el Estatut, respetado la dignidad de Cataluña, puesto una pica en Flandes…

Pero no me negarán que el President Montilla, con ese aspecto de no haber roto un plato, tras aguantar carros y carretas desde aquella primera oferta que se decía mala (¡vaya usted a saber!) y a destiempo, sin hablar por no tener nada importante que decir, como en el chiste, al final ha recibido más de lo inicial (es también un suponer) y el resumen radiofónico sería que ha bordado el set.

Montilla no es de mi partido, aborrezco el lugar ínfimo en que él, los demás, los de enfrente, pónganme dentro si quieren, han colocado la política con este tipo de maniobras. Sin embargo, si el juego se juega con esas reglas, si consiste la cosa en dejar con un palmo de narices al adversario, esto que hemos visto se llama ganar el partido: dos comparsas sin alternativas le han jaleado en primera (ICV) o última (ERC) instancia, y en la orilla opuesta, por mucho que se desgañiten los partidos de la oposición, ¿qué van a decir sin que fuera o dentro o fuera y dentro de Cataluña se les echen encima, sin que la gente ponga cara de estupefacción? ¿Es poco? ¿Es demasiado? ¿Es una trampa? Demasiado complicado explicarlo en tres palabras; por tanto, gana Montilla. Y “The winner takes it Allâ€, ya se sabe… Felicitats, President.

La buena educación

03-07-2009 | 18:54 | 272 Comentaris

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Dentro del coche camino de alguna reunión de trabajo. Un tráfico cada vez más acelerado sepulta a los peatones en el caos. Se sienten vulnerables, lo veo en sus caras y en su actitud corporal cuando otean desde la acera para intentar atravesar la calzada. Siempre me he sentido fascinada por los coches (a ver si animo las ventas) y por la velocidad (lo siento, no creo que en sí misma sea el  mayor riesgo de accidentes), y tengo la tentación de acelerar y pasar de largo frente a uno de ellos. De pronto un instinto distinto me alcanza.

No voy a negar que el mal existe, potencial o real, anida en cada persona; y se manifiesta, por ejemplo, en quienes mienten por sistema, calumnian por cizañear y amenazan para sobrevivir; en otras ocasiones observan un compulsivo y patético cambio de opinión según sople el viento, o el último toque de teléfono recibido; en algunos casos a todo ello suman esa curiosa convicción de que por saltarse las reglas, son “más listos que nadieâ€: colarse en una fila ordenada sin justificación o urgencia, dejar el coche en doble fila en cualquier lugar, sin previsión del perjuicio que puedan causar (como los dos coches oficiales que colapsaban la Carrera de San Jerónimo delante del Congreso el pasado martes y que hacían de un trayecto mínimo hasta Castellana una insufrible y dilatada agonía), poner el aire acondicionado a todo trapo en el propio entorno sin pensar que es su fresco inversamente proporcional al calor que provocan en el entorno ajeno… ¡Claras muestras de solidaridad!

La acera. Una mujer cautelosamente apostada en el borde esperando el momento idóneo para cruzar. De pronto, POR SU DERECHA, un coche frena, para ceder el paso a la persona que, al principio algo pasmada, luego alzando la cabeza, enderezando la espina dorsal y sonriendo, se lanza a atravesar con paso cada vez más firme una calzada que le parece vestida con la alfombra que sólo se tiende a las más altas autoridades. Ella es en aquel momento la máxima autoridad, un ser humano.

Y el milagro. La acción casi instintiva (llámele quien pueda y quiera “ley naturalâ€) de frenar, de ceder el paso, simboliza respetar en un contexto tan banal el valor superior de la vida, pero hace mucho más: el individuo respetado se crece en dignidad, toma conciencia de su importancia, reconoce que su propia conducta debe estar a la altura de su naturaleza, y centuplica así, al repetirlo por aprendido, el humilde y excitante gesto de rendida pleitesía recibido en un paso cebra un cierto viernes de julio, a eso de las nueve de la mañana….

La Ley de Educación recientemente aprobada en el Parlament de Catalunya ni habla de eso ni puede hacerlo. Está escrita en otro idioma.

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