El título está al final

28-09-2009 | 19:25 | 23 Comentaris

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[Publicado en El Periódico de Catalunya ayer domingo]

Como no tengo todos los datos, aún no sé qué título ponerle a esto. No sé si Náusea, por el efecto que me producen las interpretaciones que he conocido del caso Palau de la Música: una cantante dice que Fèlix Millet se tire desde una montaña, quizá para evitar que cante, y no precisamente una habanera; los de obsesión fija, y pretendiendo alejar de sí el grano supurante, dicen que ya había síntomas de que en realidad no era buen catalán, pues era patrono de la FAES; de hecho recibió del segundo Gobierno de José María Aznar (sí, sí, el de la mayoría absoluta) la suma millonaria que hace hoy del Palau aún mayor joya (lástima que nos haya costado dos Congos en lugar del único que en realidad valía).

Un historiador nos dice que ahora ya tenemos delincuentes catalanes, como si Estevill, Piqué Vidal, De la Rosa y tantos otros, también en su día encumbrados por eso que dicen que es la «sociedad civil», hubieran sido poco más que niños traviesos; una consellera los califica de «delincuentes sofisticados» y exige que solo a ellos se les mire, como si la «responsabilidad in eligendo» y, por supuesto la «responsabilidad in vigilando» no fueran fundamento de la justicia, ramo de su departamento.

Millet es, como Madoff, el fallo sistémico de un modelo. Ellos son culpables (como el asesino de Mari Luz, aunque parezca a tantos que lo haya hecho todo el juez Tirado), pero se delinque también por omisión, cuando no por connivencia interesada. De la eventual connivencia aún no tenemos datos, pero quizá el tiempo y la temeraria constancia de algún incorruptible saque a la luz lo que albergue la profunda, densa y ponzoñosa charca.

Por ahora nos basta con preguntarnos si Millet habría podido llegar donde llegó (la intención de hacerlo se le adivina en la cantidad de millones detraídos) sin la irreflexiva forma que todos los gobernantes y los aspirantes a sustituirlos (en el caso Millet hay de todos los colores) tienen de disponer y fiscalizar los recursos públicos. Por eso la situación enlaza con el que podemos titular como «el caso de los informes inútiles de la Generalitat», del que el Govern pretende defenderse diciendo que no son ilegales.

¿No es ilegal defraudar la ley? ¿Ni ser supervisor y no supervisar? ¿Ni decirse fiscalizador de la tarea de gobierno, en tanto que oposición, y no serlo? Pues si todo eso no es ilegal, habrá que derogar la ley, y escribir expresamente en ella, aunque parezca redactada para tontos: «Queda prohibido ostentar un cargo y no ejercerlo», «queda prohibido aceptar una responsabilidad de vigilancia y señalar luego al corrupto no vigilado como si nada fuera con el vigilante», «queda prohibido a los condecorantes desentenderse de los ilícitos que lleven a cabo los condecorados», «queda prohibido encargar informes inútiles». ¡Ah! «Y queda prohibido votar a la ligera», por supuesto. Estoy convencida de que esto no se acaba aquí. Así que el título es Sinfonía inacabada.

Patología democrática

21-09-2009 | 18:52 | 65 Comentaris

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[Os paso el artículo que me publicaron ayer en El Periódico de Catalunya]

La principal enfermedad que padece la democracia en España es su secuestro por los partidos políticos. Ya lo van notando los electores, que manifiestan como pueden su hartazgo de tanta discusión estéril (el socorrido «pues anda que tú…» de cada adversario). La partitocracia afrenta a la Constitución, que entiende los partidos como canal fundamental, pero no único, de la representación política y que les exige una estructura y funcionamiento democráticos de los que adolecen todos sin excepción. Y, como quiera que llenarse la boca de Constitución está bien solo si la mano izquierda, la derecha y el corazón también le son leales, la gente, que no es tonta aunque en parte esté durmiendo, ha acabado por darse cuenta.

Pero, junto a la democracia indirecta que monopolizan los partidos, también existe la llamada democracia directa y el referendo es uno de sus principales ejemplos. Su patología es de origen: es especialmente usado por las fuerzas políticas menos democráticas, por el amplio margen de manipulación que permite la propia pregunta que se formula y por el hecho constatado de que, excepto en Francia, de cultura política más profunda y extensa que otras, este tipo de consultas habitualmente son ganadas por quien las realiza.

Pese a la patología natural del referendo, los pescadores en río revuelto y todos aquellos sinceramente aquejados de cansancio cívico encuentran de pronto su paradójica oportunidad en ese instrumento que Franco usaba para darse «baños de autoridad» (consulta, plebiscito y referendo no son lo mismo, pero ¿qué más le da a la gente?), Felipe González para disfrazar su desvergonzado (y comprensible) cambio de opinión sobre la OTAN, y Zapatero para hacernos creer que España estaba por una Europa que los franceses se encargaron de abortar, afortunadamente.

El alcalde de Arenys de Munt dice que es una consulta particular, pero va de micrófono en micrófono, en calidad de autoridad, explicándola. Lo cierto es que las cosas son lo que parecen y entre todos (medios, partidos de aquí y allá) hemos hecho que parezca un referendo (o consulta o plebiscito, la distinción la hacen quienes más dispuestos están a ciscarse en la Constitución…). Sobre todo porque los partidos, no contentos con tener secuestrada la participación indirecta, quieren aprovechar también la fiestecilla. Pues nada, a apechugar con la responsabilidad: la moción perdida por ERC en El Prat, la modernez de Xavier Trias, que sabe de lo inviable de algo parecido en Barcelona, Anna Simó tildando de «tabernaria» la bronca que recibió Puigcercós, los de más allá diciendo que la pregunta es ilegal. Y más claro no lo han podido decir los organizadores de la cosa: ¡fuera políticos profesionales! Y el miedo irá aquejando a todas las formaciones políticas, sin excepción. ¿Van a decir que la gente no hable? No servirá de nada. Si no fuera porque generará dolor, esperaría solo con interés y no con preocupación el desenlace.

‘El menor de los males’

15-09-2009 | 19:03 | 406 Comentaris

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Reproduzco aquí un artículo que me publicaron el pasado domingo en El Periódico de Catalunya, a ver qué opináis vosotros:

¿Puta? ¡Reputa!» Eso dice el casposo Torrente de la mujer de uno por acostarse con todo macho viviente. Pero ¿es puta por refocilarse en el sexo? ¿Y si el goce le reporta además la licencia de un bar, plaza en la universidad, o posición relevante en una empresa? Tantos sentidos distintos para el término prostitución dificultan proponerle soluciones. Pero ¿las requiere o son el uso de la vía pública, el control sanitario del colectivo y la evitación del crimen organizado lo que nos preocupa? Porque tal vez la mayor parte de la sociedad no condena la venta o alquiler que uno haga de su cuerpo –al fin y al cabo nadie se ha metido con la que alquiló su útero a Ricky Martin para que consiguiese sus gemelas–, ni hay cruzada general contra toda esa juventud (modelos y exmodelos se llevan la palma) que casualmente sólo se enamora de personas ricas y famosas que les triplican la edad, ni hay quien critique lo de aguantar un matrimonio por mantener el nivel de vida.

Mayor escándalo produce atisbar la venta del alma, individuos con capacidad de metamorfosearse en el paisaje y decir o hacer aquello que más conviene: políticos y periodistas se llevan en esto la palma, pero ni son los únicos ni los peores; sólo los más visibles. Cada uno vende lo que puede mientras haya alguien dispuesto (incluso obligado) a comprar. Esa es la triste realidad de una actividad tan antigua, como se encargaba de recordarnos aquella magnífica Familia, de León de Aranoa, en la que un individuo se compraba el servicio de amor completo. Y vaya por delante mi respeto a todas las soledades que no han encontrado paliativo mejor.

En el extremo opuesto, en lo evidente, la frontera entre prostitución y esclavitud no debería dejar lugar a dudas. Cuando quien se vende lo hace por miedo, por desesperación, por salvar la vida de las personas que le importan, y encima lo hace en condiciones que afrentan la mínima dignidad humana, los delitos son otros: quien perpetra el tráfico de carne humana para prostituirla bajo amenazas debe ser perseguido contundentemente, pero también el pagano consciente de la situación, que así colabora con el traficante, o aquel cuya cooperación necesaria aporta infraestructuras a un delito que es de «lesa humanidad». Y por mucho que se rasguen las vestiduras las feministas, diciendo que, sobre todo, la prostitución es de mujeres, el horror de los horrores es la infantil y para sus perpetradores la cadena perpetua es un regalo.

Gran parte del colectivo quiere ser tratado como el de cualquier oficio, pagar sus impuestos y tener un local. Y visto que nos abstenemos de entender la prostitución como delito por la dificultad de ponerle puertas al campo, las casas de putas de antaño (donde acuden, sobre todo, los que más claman contra ellas) parecen el menor de los males. Y a quienes compran o venden sus favores en la calle, quizá pueda decírseles poco, pero, a quienes en la calle los practican, habrá que recordarles que la calle no es suya.

ABC, la veracidad informativa y yo

08-09-2009 | 20:26 | 17 Comentaris

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[Ayer al mediodía escribía, a vuelapluma, estas letras en mi facebook. Un buen amigo me sugiere que lo publique también aquí, en el blog, y así lo hago]

¿Será sólo en relación a mí, es un problema de la edición catalana o es que ABC ha dejado de ser lo que era? Ya son varias las ocasiones y los periodistas de ese diario que deciden publicar noticias referidas a mi persona sin contrastarlas conmigo, una actitud que a mi juicio hace peligrar, y mucho, el papel trascendental del periodismo en la construcción de la opinión pública libre.

Nunca me ha sucedido tal cosa con El Mundo, Público, El Periódico de Cataluña o El País, con independencia del sesgo que luego dieran a la noticia, siempre de acuerdo con su linea ideológica, que tienen todo el derecho a defender. Algun que otro editorial dando por ciertas cosas falsas he leído en La Vanguardia o La Razón, y puedo imaginar por qué. Pero lo de ABC no tiene nombre ni parangón, y aunque no sea mi intención contribuir a dar publicidad ni al medio ni a la periodista, lanzo mi pregunta: ¿Cómo puede María Jesús Cañizares hacer afirmaciones concretas sobre mi persona sin haber siquiera oído mi versión al respecto? Puedo prometer y prometo que no ha hablado conmigo.

No es la primera que lo hace e imagino que no será la última. Supera aquella otra viñeta (también con foto y sin firmar), que me dedicaron cuando dije que Cospedal había errado comunicativamente en lo de las escuchas (por cierto ¿tenía yo razón o no?). Entonces alguien anónimo dijo allí que con esa actitud me jugaba repetir en el Parlament (¡qué graciosos, como si dependiera de eso!) y que “volvía a llamar a la puerta de CiU”, cuando sólo una voz se ha alzado para criticar ese cortejo del PPC a la federación que desde CiU les devuelven siempre con el recordatorio del notario.

Pero lo de ahora ya es el colmo: ¿representante artístico? ¿ausente en los Plenos? ¿ausente en las ejecutivas del partido? Respuestas: yo me represento a mí misma en casi todo lo que hago, no como otros; me he ausentado del Pleno mucho menos que quienes dirigen mi grupo parlamentario y que los que me sancionaron por una ausencia;y no tengo tiempo que perder en Ejecutivas en las que no tengo cargo alguno, no se habla o lo que se dice no sirve para nada, como ocurre, por supuesto, en cualquier partido que se precie. Y me alegro de no haber participado, pues así me he librado de momentos como aquel en que se decide la expulsión de valores contrastados del partido: los leales y eficientes Abraham Cobo y Lluís Tejedor, personas que demuestran que en el PPC hay (había) más que lo que más se ve.

Por cierto, si no fuera importante para un partido que sus miembros saliesen en los medios de comunicación, ¿cómo es que están todos todo el día a la greña por la cuota de pantalla? Creo que estoy, con mi participación mediática, haciendo por mi partido lo único que puedo hacer: representarlo allí donde se le ve. Juzguen ustedes si lo hago tan mal como para que me critiquen lo mismo que en otros es considerado normal. ¿O es que sólo son malos los medios que me invitan a mí?

De quin color és l’hivern?

03-09-2009 | 19:08 | 29 Comentaris

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[Os dejo aquí unas líneas que escribí el 26 de agosto, a mi vuelta de vacaciones, que por problemas técnicos no llegué a “colgar†en el blog]

Ésa es la pregunta que a juicio de Manel puede hacer quien vive en el medio rural a todos los que lo visitan sólo en vacaciones y se dedican a dar sermones sobre cómo deberían ser las cosas en él.

Manel lleva veinte años regentando una fonda, La Socarrimada, en un rinconcito de las montañas de Prades que se llama Rojals, una pedanía de Montblanc, que es la capital de la Conca de Barberà, una comarca de Tarragona. En menos palabras, en el culo (con perdón) del mundo. Veinte años en los que el encanto del local mismo (sencillo como queda poco), su amabilidad, el ingenio de algunos platos, la cosecha propia en casi todos y la daliniana fantasía de muchos de los artilugios construidos por él y que adornan sus rincones hacen pensar a “urbanitas†como yo en esos pesares que suelen acuciar a quienes pasamos la mayor parte del tiempo pateando asfalto: ¿no sería yo mejor si estuviera más en contacto con la naturaleza?, ¿qué sentido tiene pasar la mayor parte del tiempo de ocio en el medio de transporte que nos lleva del trabajo a casa y de casa al trabajo?, ¿cómo es que con  tanto progreso cada vez tengo menos tiempo? Y sobre todo, y para los más poéticos: ¿sé cuál es el verdadero color de las estaciones?

Siendo realistas sabemos que, excepto los que ya han dado la última vuelta de tuerca al sistema, para la mayoría estar día tras día en Rojals, viendo escasamente seis vecinos y no siempre, significaría enfrentarse al verdadero valor de su matrimonio, si lo tuvieran, al contenido dable a la soledad, y a lo que puede esperarse de ella, a recuperar los ritmos de las horas, el sentido del bien y el mal, que en la naturaleza no existe, porque nada se juzga, pero que es inherente al ser humano que la usa…

Manel se aproximó a la mesa que ocupábamos mi familia y yo. Tiene buenos amigos en León, de donde regresó con la idea de un tenedor de víveres a prueba de ratones. Él, como yo, tiene raíces más allá del Ebro. Él, como yo, se ha enfrentado de tanto en tanto a lo que considera injusto, pensando, como yo, que el día que nos vayamos de aquí, mirando atrás podremos decir con orgullo que nunca cedimos por miedo. Intuyo que él es independentista, puede que me equivoque. Él sabe que yo no lo soy. Pero había tantas cosas en común, que si no hubiera sido por la cita con la diada castellera de El Catllar (gracias, Jordi, Montse, y tantos otros, “diables†y “castellers†incluidos), la noche nos habría encontrado en brazos de su hospitalidad, escuchando, compartiendo… Y a mí pensando, como casi siempre, el modo en que los obstáculos absurdos se deshacen y se construyen los puentes que nos llevan a ser más.

L’hivern a Rojals és blanc, Manel? A l’hivern ens tornarem a veure.

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