Quinquis de la política

01-10-2009 | 19:22 | 49 Comentaris

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Hace algunas semanas en la contra del Diario Avui Salvador Sostres me hizo una entrevista. Aunque lo de que yo estoy por la libertad de Catalunya (¡faltaría más!) causó más revuelo, otra pregunta-respuesta me importa más. Se planteaba así:

- Quinquis del Baix;
- Quinquis de la política.

Sostres se refería a una expresión utilizada en ciertos sectores convergentes para referirse a una parte del socialismo catalán, el afincado en el Baix Llobregat, el “cinturón rojo”, de Barcelona, la cuna de Chacón, Corbacho y el propio Montilla. Yo en mi respuesta aludía a cuantos, sean de donde sean, se comportan con las instituciones y en las instituciones como si fueran un lugar más y con maneras que avergüenzan la mínima educación y cortesía. Alguna vez he visto hacerlo a algún convergente (Oriol Pujol, y su actitud chulesca) o comunista (Joan Boada y sus gestos de desprecio “a la siciliana”) o republicano (Xavier Vendrell se lleva la palma cromañónica) Hoy en el Parlament, en la segunda sesión del Debat de Política General se ha demostrado que esto de la “quinquez” política es transversal a todas las formaciones.

Hablaba Daniel Sirera, Presidente del Grupo Parlamentario Popular. El President Montilla había dicho el día anterior que aquel era su último debate de este tipo de la legislatura, y hoy Sirera le criticaba que no lo hubiera aprovechado para lanzar propuestas convincentes de futuro. Con mayor o menor fortuna, eso depende del observador, Sirera iba desgranando sus críticas y sus propuestas. Al replicar el President  dedicó la primera parte de su intervención a decirle que lo que sí era seguro era que Sirera no repetiría en su condición de Presidente de Grupo Parlamentario.

Algunos diputados socialistas recibieron con algazara el comentario de su jefe de filas. Más aún, Antonio Comín, de conocido apellido, se giró hacia la tribuna, desde donde la actual Presidenta del PP en Cataluña, observaba la escena. Comín comentaba la “ingeniosa” crítica de Montilla, y en medio del jolgorio general, con una sonrisa de semi-reproche y arrellanándose de placer en la silla, la actual Presidenta del PP en Cataluña, le instó a guardar silencio. Aunque no mucho.

La falta de lealtad a la Cámara parlamentaria, la falta de lealtad a un compañero de filas, la falta del mínimo rubor al jalear a ese que decide quién sale en la foto (quién va en la lista), la falta de toda ética de quienes pagan cualquier precio por permanecer ahí, o por tener el poder. Y la falta de cortesía en el modo de desarrollar el debate… Cuantos (y cuantas) participan en ello dirán que es peor en “Madrit”. Y eso es verdad, los quinquis de la política no son patrimonio del Baix, ni siquiera patrimonio catalán.

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