NAVIDAD ES NACIMIENTO

22-12-2009 | 12:07 | 171 Comentaris

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Ahora que vuelven a soplar los vientos de la Religión del Hombre, esa que durante la Revolución francesa canonizó a Voltaire y a Rousseau y sustituyó las fiestas religiosas por su correspondiente estacional o agrícola, os propongo recordar qué es la navidad, a ver si contribuimos a apaciguar tanta discusión estéril.

Navidad es natividad, es decir, nacimiento. ¿Sabéis qué decía Lluís Llach en una de sus mejores canciones?: “Cal que neixin flors a cada instant”.  Eso, hoy más que nunca, es imprescindible que nos propongamos: nacer a una nueva forma de hacer política, empresa, profesión, familia, comunidad o individuo. Cada cual en su universo, cada cual sabiendo de la importancia de sus decisiones, cada cual naciendo cada día a una nueva oportunidad de hacer las cosas mejor. Ese cambio se posible, os lo aseguro, aunque ahora nos parezca una utopía, aunque nunca lleguemos a la perfección (¡tan aburrida!)

El niño del nacimiento vale para cualquier cultura y civilización: somos ese nacimiento cuantos nacimos un día físicamente, y cuantos nacemos cada día a una nueva forma de conciencia, es el buda iluminado, el profeta identificado, el lider autoasumido, el trabajador más humilde reivindicado en la dignidad de su función.

Oponer los símbolos de lo mejor que ha dado el Occidente cristiano (la oportunidad de ejercer la libertad responsable cada nuevo segundo de vida) a cualquier manifestación aséptica del mismo significado (¿Fiesta de invierno?) es tan absurdo como pensar que por poner un dedo ante el sol, el sol dejará de existir. El nacimiento es cada regeneración que seamos capaces de construir, y ese niño que lo simboliza en la historia evangélica sirve al tiempo al creyente confeso, al no practicante, al dudoso agnóstico y al ateo combativo. Porque cada persona a su modo, mientras no pierde la esperanza, es capaz de ser la flor nueva que nace. Por eso lo rodean una madre virgen, un padre que no engendró, unos animales conscientes de su papel en el cosmos, las estrellas, es una imagen cósmica…

Ahora es tiempo de grisura. Pero está llegando la luz. Como dice el fiscal de Gotham en la magnífica Batman, el caballero oscuro, justo antes de salir el sol es cuando la oscuridad es más completa. En este tiempo de grises, antesala de la negritud, os deseo la mejor, la mayor, la más feliza Navidad. Ojalá lo sea por haber percibido en medio del dolor, de la injusticia, de la desesperación, que algo dentro de vuestro corazón sigue creyendo. Hasta pronto.

First, The Music

14-12-2009 | 11:06 | 138 Comentaris

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Aqui tenéis Majestic, la música que uno de nosotros ha aportado al proyecto.

Ell es diu Jordi, i ens ha cedit els drets de la cançó, però ha fet molt més; ha inaugurat l’etapa en què cadascú s’haurà de preguntar: jo què he fet pel futur, per canviar les coses, pels nostres fills, per transformar la queixa en construcció?

¿Le pondremos letra? Ya tengo alguna propuesta ¿Os animáis?

La sombra del viento

08-12-2009 | 16:48 | 133 Comentaris

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[Aquí os paso el artículo que me publicó El Periódico de Cataluña el pasado domingo. Habla de vosotros, de mí, del Majestic...]

El otro día abracé, besé, toqué, miré a los ojos a mucha gente. El 1 de diciembre el Hotel Majestic de Barcelona se llenó de personas que, en su mayoría, desprendían amor. Vi sus caras cambiar mientras les hablaba: fatigadas por la decepción acumulada, descreídas del sistema a golpe de ninguneo, empezaron a entrever que había esperanza.

Hay esperanza de devolver a la política una mínima parte de la dignidad, si se hacen unos mínimos deberes: cambiar la forma de gobierno (pues está claro que hace tiempo que dejó de ser parlamentaria) y el sistema electoral (para acercar el elector al elegido); fijar la estructura territorial para que no siga centrifugando de forma absurda y sólo conveniente para quienes la vampirizan por uno y otro extremo; hay que limitar los mandatos presidenciales, y los parlamentarios; hay que recortar el Estado a la mitad (que se puede) e incluyo en el Estado cualquier nivel inferior al central y cualquier empresa participada por él. Hay que exigir y controlar la democracia interna de los partidos, ya que nos cuelan en el Estado a quienes ellos deciden. Hay que devolver a la calle a la pléyade de personajes de medio pelo que van en coche oficial; hay que aligerar costes que siempre paga el que nunca va a la fiesta: usted, lector.

Sí, ya sé que es muy difícil, que cualquier formación política nueva es vista como hostil por el conjunto de los que ya juegan y usada como piedra arrojadiza entre unos y otros, a ver qué agujero electoral provocan; Pero ¿quién dijo que nada valioso fuera fácil? Sólo requiere un sentimiento que ahora mismo ningún partido  puede generar: la certeza  de que somos tantos que nadie nos podrá echar, con el poder de la razón y de la fuerza, juntos por primera vez desde que la democracia se puso en marcha en España, y hoy hace de aquello treinta y un años. Ese movimiento deberá entrar en el Parlamento para cambiar la faz de los partidos y evitar que su pesada presencia en todo ahogue la autonomía municipal, la parlamentaria, la de las más altas instituciones del Estado, las de los medios de comunicación (¿cómo pueden hablar de dignidad?) Y, por supuesto, que constituya delito volver a usar tiempo parlamentario en sandeces mientras un solo niño esté al albur de las drogas o del bullyng en su escuela, mientras una sola viuda de este país viva la vergüenza de su pobreza, que es la nuestra, en silencio, mientras sigan fugándose nuestros alumnos más excelentes de la adocenada educación construida entre todos; mientras un solo profesional sanitario, maestro o policía sea agredido sin que se sancione contundentemente al agresor; mientras ser bueno se equipare a ser tonto.

Ese movimiento, aún inconsciente de su futuro papel, ya existe, se está llenando de brazos, corazones y cerebros, tiene incluso música, y su fuerza primigenia es la persona: individuo libre, comunidad fuerte, conciencia. Como aún no tiene nombre yo le llamo sombra del viento.

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