¡Qué pena, Almudena, este Puerto Hurraco!

26-04-2010 | 19:40 | 197 Comentaris

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Ayer por la noche, en ese tiempo que cada noche robo al sueño aunque llegue a la cama rendida, acabé El corazón helado, el libro-río de ALMUDENA GRANDES. Y escribo su nombre con mayúscula, porque mayúsculo me ha parecido el libro, y le doy las gracias por haber sido en todos estos días la amable correa que me ha atado a la buena literatura. ¿Por qué entonces el título con el que encabezo estas líneas? Pues porque creo que la dedicatoria final, en algunos de sus tramos, por escrita en el año 2006, no está a la altura de ese pedazo de libro.

A su capacidad de tejer y retejer la historia de los personajes, a esa sabiduría que destila describiendo pasiones, sensaciones, incluso sus ausencias, une Grandes una simpatía palpable por el bando que perdió en aquella horrible guerra que duró de 1936 a 1939, pero que parece que hoy todavía llevamos pegada al alma a pesar de los pesares. Explicada la historia de aquel tiempo tenebroso desde la perspectiva de un republicano comunista, la novela nos describe hasta qué punto aquellos tiempos no eran ya de Estado de Derecho, sino de acomodo psicológico a los dos extremos que niegan la democracia, el fascismo y el comunismo. Haciendo honor a la verdad, la autora hace descripciones de personas que en ambos bandos creían estar haciéndolo bien (por amor, incluso, como Teresa, la abuela de uno de los protagonistas) De hecho sólo critica a quienes no se movieron por ideales, sino por intereses, a los traidores de su propia causa, a los mentirosos, a los arribistas, a los ladrones. ¿Cómo no estar de acuerdo con ella en la denuncia de tanto corazón helado, a pesar de que no se pregunte por qué toda Europa fue capaz de condenar a Hitler y a Mussolini y aceptar al tiempo a Franco? Misterios de la “alta política”…

Pero llega a las dedicatorias y enaltece a quienes entonces enaltecieron a Stalin, y ahí, ahí se me difumina el trazo, y no la entiendo. Porque si entonces algunos (entre ellos algunos de mis antepasados) se emborracharon con la causa comunista, hoy ya sabemos que sobre Rusia se cirnió una prisión para la libertad parecida a la nuestra, peor que la nuestra ya que duró más, venía de antes del 36 y se prolongó más alla del 75. ¿Cómo no denunciar que esos que perdieron también se equivocaron, que su única ventaja sobre la bestia vencedora fue perder, pero que eso no es suficiente cuando se trata, en todo caso, de enemigos de la libertad?

No sé, tal vez no lo he entendido. Mi abuelo, el padre de mi madre, al que ésta no conoció, era un comandante republicano; fue fusilado, creo que en el 38, en el penal de Santoña. Puedo recuperar su memoria, quizás decubra con ella que simpatizaba con Stalin, como el protagonista de la historia de Almudena, no lo sé. Pero si así fuera, y aunque mi sangre simpatice con la suya, yo no puedo en el año 2010 simpatizar con un genocida. Con ninguno. No hay izquierdas ni derechas en el control de la libertad, sólo un enorme vacío, a pesar de la endeble condición, de la juventud peligrosa de nuestra democracia.

Creo que Almudena no sabe que hay retazos de su dedicatoria que contradicen la esencia nívea de su libro. Estoy segura de que no lo sabe. O tal vez sí, porque estos días vuelve a confundir las simpatías personales con el contenido de las leyes, esas que si no nos gustan, sólo cabe pedir que sean cambiadas por otras, a quien tiene la responsabilidad de que existan (vamos, que el único enemigo de Garzón son las Cortes españolas, si es que el tema es la Ley de Amnistía, que en más de treinta años no han cambiado)  Así se confundió todo entonces, y así, si no fuera por la Europa unida, seríamos capaces de volvernos a confundir ahora. ¿Será ésa la naturaleza de las cosas, la guerra de contrarios, como una especie de colectivo Puerto Hurraco?

No sé; he pensado que si hablaba con ella, que si reflexionaba al hilo de su libro, tal vez de todo esto saldría un puente. ¿Un corazón partío? Un corazón templado.

¿Por qué ahora?

01-04-2010 | 17:19 | 251 Comentaris

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La verdad es que al leer que Javier Arenas justificaba hace un par de días el sueldo de 5.000 Euros/mes que pasó a percibir Jaume Matas del PP después de dejar la política activa, casi se me caen los palos del sombrajo. Si lo llego a saber, me pido yo también el suplemento…pero no, algo parecido a la vergüenza se me habría pasado por la cabeza en el momento de estirar la mano…

Ni corto de perezoso, el PSOE se lanza a la yugular del PP, con razón, pero sin recordar que en sus filas también más de uno ha tenido que irse buscando la fianza, como con presteza también la consiguieron algunos de CiU, y en fin, suma y sigue. En el caso de la versión catalana del socialismo rampante, incluso simularon una colecta popular en la que la maltrecha confianza de los vecinos de Santa Coloma de Gramanet se restañaba de pronto, al rascarse el bolsillo unos cuantos (uno, por la módica cantidad de cien mil euros, ¿por qué será?) y componer entre todos la cifra de la cuantiosa fianza pedida por los jueces para liberar a su alcalde, Bartumeu Muñoz, de la prisión preventiva.

Desde luego la cosa no acaba en estos dos partidos-máquina, la corrupción se extiende fuera y dentro de la política, somos corrompibles por naturaleza, y por supuesto la buena política debería articular los protocolos que hiciesen imposible o castigada por su evidencia, la antiética, el uso frívolo, irresponsable y delictivo de nuestro dinero. Pero a mi lo que me intriga es averiguar si, más allá de corrompibles, somos idiotas.

Porque de idiotas sería, a mi juicio, caer en la trampa que PP y PSOE, viendo las orejas al lobo (el lobo de su ganado a pulso descrédito) nos quieren tender: esos dos grandes partidos-máquina, los de las no ideas, los del todo vale, los del “y tú más”, los que apisonan personas con el solo objetivo de seguir teniendo el poder, nos dicen que van a concertar un pacto anticorrupción. ¿Ellos, la corrupción andando lustro tras lustro, el miedo a la verdad, la cobardía de salir a la calle y recordar (o conocer por vez primera) qué es trabajar sin red? No me digan, ¿sí? Y ¿habrá alguien dipuesto a creerse que quienes no son capaces de ponerse de acuerdo en las mínimas medidas-paliativo para esta crisis global van a ser capaces de dejar de ser lo que son? ¡Venga ya!

Pero repito, no es importante saber que están muertos de miedo pensando en la (eventual, mínima, improbable, pero tangible) posibilidad de que se les acabe la bicoca. Lo importante es saber si quienes lean esto, y el resto, la gente de a pie, tal vez ahora engañada, pero verdadera titular del poder por la dignidad misma de ser persona, lo importante, digo, es saber si vamos a ser tan idiotas como para creerlo.

Sólo tú deberías decidir qué quieres ser. Por si acaso, date una vuelta por www.ombradelvent.com

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