Moviola política
20-06-2010 | 13:09 | 105 Comentaris EnviarAquí os dejo el artículo que hoy, domingo, me ha publicado El Periódico de Catalunya sobre las elecciones del Barça. Espero vuestros comentarios
El domingo pasado hubo elecciones a la presidencia del Barça. Por si existiera un individuo singular que a pesar de la avalancha mediática desconociera el asunto, le ofrezco mi particular descripción de cómo Rossell llega a ser Presidente del Club, pero no desde su expulsión, que yo, lega en materia, sólo veo como una mezcla de venganza y tesón amasada justo desde el día siguiente, sino a partir del inicio de la campaña electoral.
Cuando vi el cartel de Rossell desplegado en toda la altura del Hotel Princesa Sofía, empecé a pensar que el fútbol es lo poco de política que queda en Cataluña. Daba igual si era ilegal; con multa o sin ella, el cartel ya estaba puesto, como cuando la Junta Electoral pone objeciones a algo irregular. ¿Qué más da? Estaba en el presupuesto.. La irreverente ocurrencia de Carretero sobre la importancia de ser Presidente del Barça o de la Generalitat no es original; la televisión generó ese hallazgo de que un niño confundiera a Pujol con Núñez, y aún más antiguo es el uso anestésico del fútbol emulando el pan y circo romano (ahora con poco pan). Además el fútbol es tan democrático que el niño más humilde puede llegar a ser galáctico (o de la cantera) ¿Pasa lo mismo con la Presidencia?
No sé por qué, ni cómo llegó Laporta a ser Presidente de la institución, pero sí creo que el sistema se sintió violado en sus endemias por un individuo de porte algo zafio pero psicológicamente muy solar, que quizás su equipo no vio a tiempo que resultaba indomeñable. Por supuesto sin dinero es imposible llegar a formar parte de esa oligarquía, pero hay que reconocer que no formaba parte de “los de siempre”. Y si llegó ¿no sería por el grado de depresión en que entonces se encontraba el club y a pesar de que la “opción-sistema” de Bassat incorporaba incluso famosos? ¿No les recuerda que en las próximas elecciones catalanas tal vez haya que buscar bajo las piedras un votante que no se tape la nariz al hacerlo?
Vayamos al colectivo de socios, tan parecido a un cuerpo electoral: hubo quien, pudiendo votar no lo hizo, mientras otros ni tenían ese derecho. ¿No recuerda eso a los abstencionistas que forman parte del censo, mientras empadronados sin derecho a voto fueron, en cambio, reales votantes sobre la Diagonal o han sido llamados a las consultas independentistas? Y no, no me digan que la diferencia es la cuota que paga el socio, porque, de pagos inhumanos, frívolos, ineficientes, la ciudadanía estamos empezando a hartarnos. Pagamos sobradamente la cuota.
¿Y la cobertura mediática de la cosa? Delirante, sobre todo, si se pretende desmentir a Carretero. El hecho era noticiable, pero ¿no sospechan del interés mayoritario (y concurrente) por la victoria de uno de ellos? Por ahora no parece dispuesta la clase política a asumir la sociovergencia como lo hace la economía, la “sociedad civil” o el fútbol. Quizás porque es la acción política el único lugar en que el teatro de la oposición se sigue representando, un sainete que impide a quienes pierden reconocerlo; no hay ahí papel para nadie con la elegancia de Ferrer (o de Guardiola) asumiendo la responsabilidad individual de las derrotas.
Copago
08-06-2010 | 18:25 | 130 Comentaris EnviarEs evidente que el tema del copago implica mucho más que una medida sobre cómo disuadir a las personas usuarias de la sanidad pública de utilizar irreflexivamente un carísimo servicio. El hecho de que el conseller Castells haya dicho que en este tema el acuerdo sobre su adopción debía generalizarse a toda España denota uno de los fallos del sistema: puede no ser igual en todas partes. Pasa en muchas otras cosas, pero el hecho de que aquí ya tengamos el céntimo sanitario y el colapso continuado de ciertos hospitales sea una evidencia irrefutable tendría mejor salida con esa medida de corresponsabilidad que alardeando (falsamente) de poder expulsar a todos los inmigrantes que eventualmente puedan acceder a él. Si eliminamos la universalidad del sistema sanitario sólo puede ser por renta, y ese mecanismo aún daría más oportunidades a quienes menos tienen, o aparentan tener, y ¿quienes suelen ser esos si no quienes vienen de fuera?
Al error autonómico de haber asumido la sanidad, una competencia trampa que el aparato central del Estado se quitó de encima un día con gran alegría, le ha salido este grano: que la gente pueda sentirse ofendida por que el copago se instale aquí y no allá, como en su día alguien puso en el grito en el cielo por la diferencia de trato en las intervenciones quirúrgicas y en la elección de centro hospitalario según uno estuviera en La Rioja o en Valencia.
Tal vez la única solución sea devolver este pastel envenenado a quien con sonrisa diabólica en su día nos los cedió. Al final y al cabo, en Cataluña se queda el 30 por ciento del presupuesto y anda coja, dicen los expertos, a partir de cada mes de junio, cuando se acaba el dinero. O sea, más o menos ahora empiezan las listas de espera.



