Felpudos

19-07-2010 | 12:17 | 417 Comentaris

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Aquí tenéis el artículo que me publicó El Periódico de Cataluña el pasado domingo, día 18. Es el último ahsta después del verano, ya que la sección de va de vacaciones.

“700 eurosâ€. Con parsimonia indescriptible, el tipo dijo que eso cobraba mensualmente por cambiar  y limpiar cada día 22 el felpudo de la entrada en la empresa (mediana) de un conocido mío. Éste le preguntó que desde cuándo, y aquél con orgullo le respondió que desde hacía 25 años. Si eso era así allí donde el ojo del amo engorda el caballo, ¿se imaginan la cantidad de felpudos que llevan ustedes pagando desde hace treinta años en el sector público y adláteres, dentro y fuera del Palau de la Música, en las estribaciones de cada ayuntamiento, en el coste final de la vivienda de libre mercado e incluso en la de protección oficial, en los cursillos que no sacan nuestra mano de obra de la indigencia formativa ni del paro? Pues nada mejor para distraernos de la indagación sobre los felpudos que todo el trajín que nos llevamos con lo del “Quo vadis Catalunya?â€. Los bandos enfrentados en tal labor, ya sea para decir que España no nos entiende, ya sea para decir que la Cataluña normal es la que jalea a “la rojaâ€, entretienen así y fidelizan a los suyos, pues saben que aunque la mayoría no les vote, el juego les permitirá seguir cobrando puntualmente su nómina felpudera como para algunos hace ya treinta años.

Pero de eso no hablan ni quienes se llenan la boca con la regeneración… no sea que alguien se entere de que todos ellos, sin chistar, han cogido las subvenciones presupuestarias a los partidos con representación…gran igualdad de oportunidades de todas las opciones políticas, una igualdad que sólo llegará cuando ninguna de ellas las reciba. Las cogen quienes hablan de la igualdad de todos los españoles, y luego critican que ciertas asociaciones las reciban. Y las cogen también éstas con la excusas de que son menos fuertes que todo el poder establecido sin recordar que al recibirlas ya forman parte del poder, que aquí sólo carecen de poder quienes de verdad las pagan.

A tanto felpudo suelto y bien retribuido lo que más le interesa es la cortina de humo, incluido el esperpento generado por el PP de recurrir en Cataluña lo que ya es irrecurrible en otros territorios, de modo que puede acabar el “café para todos†siendo “para todos menos para Cataluñaâ€. Pero también eso es cortina, porque lo de aplicar la ley en sus términos ya no convence a nadie, y hablar de involución autonómica además de falso, es pura formalidad mitinera: en la práctica, los de siempre a seguir pagando, mientras Saura dice que atendiendo al informe de los expertos (los mismos que hicieron el Estatut, ¿qué van a decir si se lo enmiendan?)) no piensa cambiar ninguna ley por que la sentencia esa del TC lo diga. Pero ojo, yo a pagar las multas religiosamente aunque sea por ir a las 12 de la noche en una autopista de seis carriles, vacía, a 90 kms por hora. La ley sólo está vigente para el ciudadano corriente.

¿Y ahora qué? Ahora, tras comprobar con la cabeza que no había puerta en la pared contra la que corríamos, con un chichón bien majo, aire de doliente indignación y desconcierto sumo, estamos en suspensión agónica colgados de la brocha. Yo miraría debajo del felpudo…

Guerra de castas

05-07-2010 | 9:19 | 75 Comentaris

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Aquí os dejo mi reflexión sobre las reacciones a la sentencia del TC sobre el Estatut de Catalunya. Me la publicó El Periódico de Cataluña el domigo, 4 de julio, día de la independencia americana y onomástica de mi hija Isabel.

¿Pedirá perdón el profesor Viver por haber convencido a los políticos de que era posible reformar una Constitución desde un Estatuto? ¿Y Maragall por proponer lo que supo (y me consta) que era imposible? ¿Y Zapatero por prometer algo para lo que carecía de poder y luego negociar con Mas un plato de lentejas? ¿Y Rajoy por aceptar la indignidad de las caravanas de firmas, por tragarse Estatutos que decían lo mismo que el catalán y poner ahora cara de alegre apuesta por la concordia en extraña sintonía con la ministra de Defensa? ¿Y los “chicos de Esquerra†por negar el Estatuto por mediocre e irse luego a Madrid a pactar una ley de financiación autonómica que lo “violó†antes que el Tribunal Constitucional? ¿Pedirán perdón todos los comparsas jurídicos, mediáticos y fácticos, con sus editoriales conjuntos, plantes y mohines, por el tiempo malbaratado, el cansancio acumulado en las espaldas de tantos, el dinero público (el suyo, lector) lanzado al estercolero en informes, estudios, comisiones, jornadas sobre algo que no fue?

Por lo pronto y para evitar que alguien crea que me salvo de la quema, yo les pido perdón por la parte que me haya tocado en este extraño circo que ha calado en los corazones de la gente apuñalando su fe en la política, en esa que no es, como dicen algunos, el arte de lo posible (eso no es un arte, es sólo una artimaña) sino el arte del buen gobierno, de la búsqueda del bien común. Les pido perdón, pero les aseguro que para llegar a ese estadio de conciencia sobre lo que no debe volvernos a pasarnos, es necesario apurar hasta las heces el alcance del presente.

Esto que hemos vivido (o sólo contemplado) desde el año 2004 en torno al Estatut no es más que una guerra de castas, la casta política central contra la periférica: en los “madriles†la mayoría parece contenta por el hecho de que diez hayan dictado sentencia tras cuatro años de deliberación; en Cataluña, en cambio, la mayoría está quejosa de un texto que, aquí como allí, casi nadie ha leído. Eso no obsta para que allí llamen fascista a quien critica la “ignominia†de que diez magistrados enmienden la plana a una ley refrendada, pero los de aquí no recuerdan que una objeción así tocaba cuando se plantearon los recursos. Tal vez estuvieron cuatro años esperando el milagro que salvase sus posaderas, o quizás simplemente van construyendo las excusas a salto de mata. Si no, vean a Tura (y Zapatero) pretendiendo burlar al TC con un cambio en la ley orgánica del poder judicial. Nada ha cambiado en la casta.

Fuera de la casta también hay responsables: irse a la playa el día del referéndum ha tenido su coste, aunque entiendo que más de doscientos artículos de lenguaje imposible eran disuasorios. Ahí está, pues, nuestro Estatuto. No puede mejorar en su escaso nivel técnico con el añadido de mil folios sentenciosos. Sólo queda averiguar si están ustedes dispuestos a dejar que esa casta política que los metió en un autobús, cuya ruta es el absurdo, siga conduciéndolo mientras nosotros pagamos la gasolina, el peaje, y los amortiguadores que nos vamos dejando en cada nuevo bache. Me parece que la siguiente parada es la mani del día 10…

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