Algo sà ha cambiado
Imprimir | EnviarNos han vendido el desencuentro hasta el final, pero nadie se dejaba llevar por la apariencia. La pantomima sólo podÃa convencer a los románticos, de que, si no todo, al menos la voluntad y el sentido de la negociación no se hubiesen atado ya cuando en septiembre CiU se sumó al tripartito en la defensa del nuevo Estatuto. Quedaba claro entonces que esa coalición no habÃa abandonado una estrategia polÃtica que durante décadas le ha generado enormes réditos, como se ha hecho evidente ahora el juego del gran “negociador†del PSOE, quien sin moverse un ápice en los planteamientos de su propuesta inicial, ha llevado a su terreno a los convergentes y ha conseguido presentar como radicales las posiciones de PP y ERC, para luego pedirles, con la mano tendida, que se sumen al gran consenso de los dos partidos que se arrogan la centralidad polÃtica.
Los medios de comunicación, por supuesto, han hecho su parte, algunos con mayor tino que otros, pues no todos eran conscientes de que en ocasiones estaban jugando contra el bando que pensaban defender. Asà han surgido estos dÃas desde todas las trincheras ideológicas voces aparentemente contradictorias: para unos, se está rompiendo España; para otros, se han frustrado las legÃtimas aspiraciones de Cataluña a ser reconocida como nación y, por tanto, a conseguir un mayor nivel de autogobierno. Para los demás, ahora que todo ha acabado y tras haber jugado la razonable carta del posibilismo, debe reclamarse la tranquilidad polÃtica que los ciudadanos merecen, con la perpetuación del espacio de centro que significarÃan en España ese PSOE de renovado aire federal y en Cataluña esta CiU que ha desnortado a un tiempo a los lÃderes del PSC y el protagonismo nacionalista que ERC soñó por un momento haber alcanzado. HabrÃan conseguido, uno allá y la otra aquÃ, aparentar que todo ha cambiado para que todo continúe estando donde está, con el respiro supuesto de los que, en palabras de algunos, jamás han dejado de estar arriba. ConvenÃa además aunar ambos discursos para convencer a un tiempo en España de la inocuidad del Estatuto, y en Cataluña, de la gran mejora del autogobierno que justificarÃa el dinero y tiempo empleados. De ese modo se hacÃa a la vez posible presentar como patéticos los gestos alarmados del PP o las salidas de tono de las instituciones (¿cómo cabe ponerse asà por tanta tonterÃa?) y relegar al histerismo de la inexperiencia la indignación de ERC por la estafa. Muy bien trabajado, hay que decirlo, tanto que resulta difÃcil aceptar tamaña servidumbre de la inteligencia a la voluntad de poder por encima de la consecución del buen gobierno.
La nueva legislación psico-macartista del sector audiovisual reclama objetividad y neturalidad en el tratamiento de la información, por lo que a riesgo de condena diré un par de cosas se me antojan objetivas: que la tiniebla envuelve todavÃa el verdadero alcance de lo pactado entre Mas y Zapatero, con la consiguiente escenificación de un nuevo quebranto del parlamentarismo, y que la negociación que quepa entre ellos tiene unos lÃmites de percepción distinta según el observador. El oscurantismo justificarÃa la reacción visceral del PP, en nombre de aquel electorado que ha recibido con desconfianza el texto que salió de Cataluña. Las posibilidades constitucionales del pacto permitirÃan entender que ERC no se sumase al consenso. Ambas negativas no serÃan pues irracionales, sino la resistencia ante los fraudes.
La deplorable técnica del aluvión jurÃdico que se cernió sobre un original ya desafortunado dio lugar a un engendro gramatical, conceptual, ideológico y jurÃdico, como han reconocido incluso sus defensores, pero sin duda también contribuyó al desaguisado pretender realizar una reforma estatutaria de amplio alcance sin la previa reforma de la Constitución, lo que a su vez avala la idea de que para las reformas jurÃdicas fundamentales no bastan los consensos sectoriales, por más heliocéntricos que pretendan ser los partidos que los hagan. Y aunque se me argüirá sin duda que no ha estado el PP por la labor, habrá que aceptar también que es responsabilidad estricta del gobierno plantearlo, cuando todo el despropósito se ha originado en la promesa electoral de quien pensaba no tener que cumplirla. Problema añadido es que el “pacto de Estado†entre Mas y Zapatero debe de estar en algún punto entre esa propuesta y el Estatuto de 1979, lo que no es precisamente un alivio, sobre todo porque hasta la fecha nos ha sido dado conocer dos datos: habrÃa sido expulsada del articulado la “nación†catalana, para exasperación de ERC (y de una parte indeterminada de CiU), y se habrÃa pactado un sistema de financiación que harÃa llegar más dinero a Cataluña y que se afirmarÃa inatacable por la LOFCA
A los nacionalistas les dirÃa, sin embargo, que la fórmula que relega la nación al Preámbulo es una sibilina técnica de interpretación auténtica de la Constitución que da mucho juego, pues se coloca el legislador en el papel de intérprete y asevera que cuando el Art. 2 habla de las “nacionalidadesâ€, se refiere a las naciones. Asà hablando, decide que en España hay regiones y naciones, no ella sola, sino más, aunque sin especificar cuáles sean. Y aunque tal competencia interpretativa está reservada en nuestro sistema al Tribunal Constitucional, en este caso se la atribuye Cataluña, lo que tal vez motive al nacionalismo más irredento a decir sà al “Estatut de Masâ€. A lo mejor entonces cierta parte del PSOE se siente tan “frappé†como el PP…, aunque la verdad es que hablamos sobre el humo, porque los términos exactos son ignotos. Por lo que a la financiación se refiere, unos y otros saben que el sistema estatutario no puede blindarse ante a la LOFCA, porque son leyes del mismo rango jerárquico y competencialmente independientes, tal y como establece la norma situada por encima de ambas. AsÃ, siempre nos quedará el TC, cuyas mayorÃas ideológicas son variables en el tiempo y que, por tanto, nos permite aventurar que de blindaje, nada. Lo sabe ya perfectamente el PSOE, cuyas Comunidades serÃan las únicas perjudicadas por una reforma de ese tipo, y frente a las que paradójicamente se ha constituido en defensor su principal enemigo polÃtico.
Y de lo demás, que no es poco, nada sabemos, lo que sin duda implica que la mayor parte del ruido se ha formado sobre un gesto, que ha conseguido sin duda su objetivo, pues ha hecho aflorar las discrepancias internas del PP, y el modo en que en esa formación no se concibe lo que como normal aceptamos en el PSOE. Mientras el PP habla en Madrid del Estatuto como un fraude contra España, Piqué dice que lo conocido del pacto se acerca a la racionalidad. Y ambas cosas son ciertas, si se analizan bien en clave de los lenguajes que respectivamente venden en los territorios comanches a los que se envÃan. Maragall propició pedir la luna, y Zapatero le ha dicho que no de malos modos, pero nadie hace un escándalo del tema. Piqué siempre ha estado dispuesto a defender que llegase más dinero a Cataluña, pero no le hará falta su propio partido para criticar tal veleidad, se bastan los barones del PSOE.
Y queda todo lo demás, es obvio: no será tan sencillo convencer al electorado clásico de CiU de que acepte un TÃtulo de derechos y deberes más propio de Corea del Norte que de la Cataluña que quiere resurgir de sus cenizas con el dinero prometido, ni que Rubalcaba acepte una bilateralidad que luego le será exigida en sus Comunidades, y por supuesto no hay modo posible de blindar competencias o de incorporar al Estatuto las materias que por el Art. 150,2 tiene ahora “de prestado†Cataluña. Ni en lo ya anunciado ni en lo por venir, la Constitución permite mucho margen, salvo en los sentimientos, que son libres, y que entre todos han crispado hasta la náusea. Por eso y aunque todo permanezca en la apariencia, algo ha cambiado de forma irreversible. Han pasado dos años desde que empezó el bombardeo polÃtico-mediático de la población, intentando convencer al más abúlico de que este Estatuto era no sólo necesario, sino imprescindible para mejorar el autogobierno de Cataluña. Incendiados los ánimos de ese modo, lo que quedará después será infamante, es el escarnio de una clase polÃtica vendida a su soberbia, es la demostración de que debe regenerarse el ciudadano para parir el gobernante nuevo. Algo sà ha cambiado, y si no lo ha hecho, reclamo desde aquà un cambio radical de paradigma.




4 Junio 2009 | 15:24
¿Sabes lo que conseguiste con el chistecito de la Sra. Alvarez?
Que te conteste que yo no hablo ningún castellano “ininteligible†que yo hablo un ANDALUZ PERFECTO.
Y si no nos entiendes, aprende idiomas o utiliza el inglés, que es muy internacional.
21 Junio 2009 | 16:10
Querida Montse
Lo mejor de España son los andaluces y los catalanes. Va por tà Andalú.
Los andaluces los más enrrollados y salados. Los del interior de la penÃnsula, incluÃdos los madrileños (yo soy madrileño) son muy “siesos”.
Los catalanes sosos pero tienen algo de “cortés frialdad” y sobre todo mucho respeto por la privacidad. Y no veas como se agradece esto en esta Españita nuestra.
En cualquier caso: andaluces y catalanes son mediterráneos. Es que la Meseta es… ¡tela!