Consumir…se
Imprimir | EnviarRecuerdo el tiempo en que nos decÃan que el pescado azul era perjudicial para la salud, y luego aquel otro en que nos asaltó la teorÃa contraria. De enorme cantidad de productos alimenticios hemos oÃdo afirmar una caracterÃstica y su opuesta, y hasta un cierto momento me pregunté por qué. Luego ya no, se me antojó evidente que las necesidades económicas del paÃs iban reconstruyendo constantemente el imaginario colectivo al respecto, con la ayuda del Ministerio correspondiente. Después se puso de moda la machaconerÃa contra el tabaco, y eso hasta que una ministra clarividente decidió que a ese cáncer los fumadores no podÃan condenar a todos los pasivos de la tierra, e incluso en terrazas y patios fueron proscritos, convirtiendo, por falta de competencia en la elaboración de la ley (que significa, en última instancia, no ser capaz de calibrar los efectos colaterales del producto legislativo) los reductos de fumadores en infectos, indignos y vejatorios. Algo mejor lo ha pasado el vino, o el cava, o el método champaneante alternativo, porque sigue existiendo una duda razonable sobre su conveniencia en pequeñas dosis. Y algo peor lo están pasando ciertas hamburguesas por estas en consonancia con la envergadura de personas algo por encima de la media española actual. Nos queda poco, sin embargo, para que lleguemos a la talla XXL.
Todo este continuo martilleo del espÃritu, contrarrestado en la publicidad que vende el sueño de ser como modelos producidos en serie por Photoshop, ahora ya tanto hombres como mujeres, y hasta segmentos de edad antes impensables, con cremas carÃsimas, o menos, tratamientos integrales en sintonÃa con el “primero cuÃdate túâ€, ropa que queda de fábula, como le dice a cual su asesora (mejor mujer) de imagen, productos ecológicos para estar bien por dentro, libros de todo tipo, sobre todo de autoayuda, incluidos los que dicen que no lo son, contraportadas de diarios, delirantes en su búsqueda de “éste sà que dice la definitiva verdad sobre quién somosâ€â€¦. Y para quedar bien también con los demás, añadamos regalos que pugnan por no ser otra cosa que “lo másâ€, ahora que la distancia entre la belleza y la utilidad de las cosas ha dejado de ser un absurdo y se ha transformado en un ideal.
Todo muy acorde en suma con investigaciones recientes, y quizá por ello aún más obvias, en las que se dice que Occidente está crecientemente enferma de consumismo. Muy poco nos distingue ya del final del Imperio Romano occidental al que ya me he referido tantas veces. Aquella sociedad languideció consumiendo, desaforada en el buscar el siguiente placer en lo de fuera, la mente por halago, la piel por el deseo, la ropa por el disfraz y la boca por la necesidad de generar el mayor número de endorfinas por minuto. Y después de crear el monstruo, cada uno en lo suyo, en las delicatessen, en las cosas baratas, en la definición de la felicidad, siempre vendiendo alguna cosa todos, ahora nos dicen que estamos enfermos. Pero no es enfermedad, y si lo es, no tiene remedio que no suponga el declive absoluto: ¿quién comprará lo que ahora mantiene nuestra frágil productividad en el momento presente? Los que llegan con poco capacidad adquisitiva no son capaces de relevarnos y con el mero consumo de lujo, miles de alternativas harÃan aguas sin remedio. Nos hablan de nuestra enfermedad pero resulta de un cinismo inaguantable, pues afortunadamente para el todo, no sólo de pan vive el hombre y todo lo demás, o casi todo, está en permanente venta.
, muy acorde en sumaMáxime cuando el tabaco se sigue vendiendo, como se hace con el vino, con las máquinas de juego, con los bingos y casinos, con el macrofestival de los grandes almacenes que cada vez estarán, no mecabe duda, más tiempo abiertos al público.
Y de pronto descubrimos una nueva enfermedad, la del consumo compulsivo.




16 Enero 2009 | 20:57
Francamente, no he entendido lo que ha querido decir en su artÃculo.
Usted escribe, lee y estudia, todo esto no lo hace la mayorÃa de los ciudadanos de este paÃs que pueden definirse en los terminos de consumidores que usted ha planteado.
No tengo claro que usted quiera comunicar algo, o simplemente está matizando la idiosincrasia de lo que vivimos cada dÃa, de una sociedad de consumo que poco a poco pierde la perspectiva.
Yo creo que el esta sociedad, con todos sus idiotas morales, con toda la confusión sobre las libertades y sobre el progreso, con todas sus patologÃas (espcialmente las que afectan al espÃritu), con toda su opulencia, esta sociedad que desprecia el misticismo, no serÃa tan inconveniente (al fin y al cabo somos lo que elegimos) si no fuese por la realidad de que se sostiene con el trabajo esclavo de la mitad de la poblacion del planeta.