Contratar con el terror

Imprimir |

Enviar





Enviar

En terminología jurídica un negocio es una acción humana voluntaria, lícita y de efectos identificables antes de su realización. Se distingue así de otras realidades (una tormenta, la muerte, un delito) que, aunque puedan tener efectos jurídicos, no son negocios. De entre los negocios, por la especial consideración de la existencia de dos partes, destacan los contratos. Y de entre los contratos, quizá los más conocidos sean aquellos en que para ambas partes se generan efectos jurídicos. Se conocen tales contratos como bilaterales, y presuponen la igualdad de rango, siquiera sea conceptual, entre los dos contratantes.

La negociación del Estado con ETA tiene un objetivo explícito y éticamente encomiable que es la erradicación de la muerte como instrumento de reivindicación política en el País Vasco. Todos los gobiernos democráticos lo han intentado, ya sea con luz y taquígrafos, ya desde una pretendida clandestinidad, y acompañada o no de un terrorismo de Estado, que más bien habría de responder al nombre de “criminalidad selectiva”, pues la claridad de sus objetivos le evita generar el terror que en el caso de ETA forma parte inescindible de la performance. Todo ello por supuesto dejando al margen una cuestión que metodológicamente debería ser determinada previamente, pero que justamente en esos términos no es sencilla de resolver: ¿es ETA una banda terrorista al servicio de una idea, o una formación política que se expresa a través de la violencia? En esta segunda línea se posicionaba hace tiempo Joseba Arregui, y en puridad de miras (aunque es cosa que a estas alturas del proceso al que me refiero ya es legítimo dudar) la lucha política puede incluir la muerte, porque en eso consiste la guerra de guerrillas. De hecho la decisión comunicada por ETA de no atentar contra políticos resultaba en su día menos comprensible que aquella que otra que decidiera hacer de éstos y de las instituciones en que se apoyan su único blanco. Porque los demás, las víctimas eventuales surgidas de la eventual colocación en eventuales lugares, de artefactos explosivos, o la recaudación celosa del impuesto revolucionario entre sus compatriotas, ¿tienen mejor justificación?

Pues bien, yo creo que el actual proceso de negociación nace viciado por la falta de homogeneidad entre las posiciones de ambas partes contratantes respecto de la naturaleza de ETA. Si el Gobierno cree, como no puede ser de otro modo, que ETA es una banda terrorista, formada por delincuentes comunes en un país que niega la existencia de delincuentes políticos, se le plantean dos problemas: el primero, que han tenido todos los Gobiernos que lo han intentado, es que al negociar demuestra su debilidad para acabar con una forma de criminalidad cuya capacidad de generar alarma social está muy por encima del número de sus víctimas; el segundo problema es que coloca la banda a la altura de los representantes populares. De ahí que los terroristas sean capaces no sólo de exigir del Gobierno actos concluyentes, sino también de plantear dos mesas de debate para las dos finalidades del diálogo: la autodeterminación del País Vasco y la situación de los presos actuales y de los potenciales.

Dialogar no es exactamente negociar, por tanto. El diálogo cabe entre desiguales, asumida la igualdad y valor esencial de las personas. Pero si la tolerancia tiene su límite en las acciones que van más allá de lo moralmente aceptable, la negociación, es decir, el trato de iguales entre quienes hablan por las urnas y los que lo hacen por las armas, conduce a una aporía, y es que pueda tener legitimidad el resultado de la negociación sea éste cual sea en que se pongan de acuerdo. Al fin y al cabo, alguien podría decir que sobre presos ya hablaron otros, y que la voluntad de decidir de una nación es cabalmente respetable. Pero, al mezclar ambas cosas, al colocar en mesas paralelas dos asuntos de tan distinto alcance, y sobre todo, al colocar en ambas mesas, mezclados como si fuesen lo mismo a los integrantes de la banda y a los del Gobierno, el resultado es peligroso:

Escribe un comentario

Cerrar
Enviar por Correo